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Estandar

 Estándar Original del Dogo Argentino Comentado por Rubén Passet Lastra
Federation Cinologique Internationale (F.C.I) Nº:292 31 de julio de 1973

Macizo en el sentido ante posterior y transversal por los relieves de los músculos masticadores y de la nuca.

Correcto: Perfil y frente correctamente convexos en el sentido Anteroposterior y transversal. 

 Del mismo largo que el cráneo, es decir la línea que une las dos apófisis orbitarias del frontal esté a igual distancia del occipucio y el borde alveolar del maxilar superior.

El Dogo Argentino es un animal muy armónico y balanceado. Ello se refleja también en las proporciones de su cabeza. Por lo tanto es lógico que la distancia entre el occipucio y la sapiencia de los huesos orbítales que demarcan la iniciación del hocico sean de igual extensión a la existencia entre ese punto y el borde interno del labio. Lamentablemente el estándar omite expresar en esta parte que el hocico, por se el de un perro de gran olfato, el de un venteador de altura, debe de levantarse levemente del stop hacia la nariz, marcando una línea ligeramente cóncava.

Obtiénese como resultante de la relación cráneo-hocico, que el perfil de la cabeza es convexo-cóncavo.


OJOS:

Oscuros o color avellana. Encapotados por los párpados de bordes negros o claros, la separación entre ellos debe ser grande, mirada viva e inteligente; pero con marcada dureza al mismo tiempo.

El color de los ojos cobra singular importancia, ya que en base de ellos se puede llegar hasta la descalificación de un ejemplar, si bien aquí no se lo menciona, en las especificaciones insertas al final de estándar se determina que aquellos Dogos que posean ojos zarcos deberán de ser descalificados.

Como la cuestión cobra tal magnitud y ha sido objeto de muchas interpretaciones, nos extenderemos algo en su consideración.

La palabra zarco figura en todos los estándar del Dogo Argentino conocidos hasta la fecha. Pero tratemos de ver qué quisieron decir tanto Antonio Nores Martínez, en el primer estándar elaborado en 1.928 y en el oficial, que está vigente en la actualidad, del que es autor Agustín Nores Martínez, y que es el aprobado por todas las instituciones nacionales e internacionales.

Para todo hombre de campo el vocablo en cuestión se aplica a aquella persona u animal que presenta sus ojos de diferente color azul o celeste.

Si bien el Dr. Agustín Nores Martínez, en su obra El Dogo Argentino, sostiene que zarco significa la desigualdad de color, lo que parecía dar por acotado el tema, en un coloquio celebrado en Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa el 4 de diciembre de 1.977, en la comodísima residencia del señor von Der Lancen y del que fuimos partícipes miembros destacados de las dos entidades que en el momento nuclear el dogo Argentino, el coautor de la raza admitió nuestras tesis, en el sentido que debía darse lugar ambos significados; lo que se apoyaba en el razonamiento lógico que el Dr. Antonio Nores Martínez, si bien conocía el lenguaje de nuestros criollos, también dominaba, como hombre culto que era, la significación del vocablo en nuestro idioma castellano, por lo que los zarcos a descalificarse serán aquellos animales que posean ojos de colores desiguales o azules claros. También se tuvo en cuenta el razonamiento fundado en conocimientos científicos, que los colores eliminatorios son probadamente acordes a una indeseable inestabilidad de carácter.

El condescendiente temperamento adoptado por el Dr. Nores Martínez obtiene una resultante de coincidencia con lo acordado en la 1ª Convención de Jueces Especialistas del Dogo Argentino, reunida en marzo de 1.977 en la ciudad de Rosario, y que cuyas resultas, tal vez lo mesuradas y beneficiosas para la raza y la concordia de los bandos en disidencia, nunca fueron publicados. Debemos confesar que, para los que participamos en esa convención ungidos por la buena fe, desprovistos de intereses personales y politiquería, este ocultamiento de las conclusiones nos resultó desalentador. Pero aparté nomos de estas pequeñeces y lleguemos a conclusiones constructivas. Sintetizando todo lo antedicho: sólo son descalificatorios aquellos ojos que son desiguales o que se incluyen entre las variaciones del azul claro (celeste, azul grisáceo, celeste verdoso, etc.)

Por el contrario solo restan puntos los ojos claros, debiéndose castigar con más severidad cuanto más se apartan del negro o marrón oscuro, para llegar a gamas hasta el amarillo muy claro.

Sin la pretensión de haber agotado el tema, pese a la extensión dedicada pero con la convicción de haber aclarado suficientemente el panorama, pasamos a referirnos a otro aspecto: el referente al tamaño y forma de los mismo sobre lo que el texto no dice nada.

Los ojos, al ser encapotados como lo determina es estándar, han de presentarse como algo pequeños a la mirada del observador, de forma más bien triangular y con una sensación de gran penetrabilidad. Eso le da la mirada viva e inteligente, pero con marcada dureza requerida.

Al decir bien adaptados sin prognatismo debemos interpretar como correctas las mordidas en pinza o en tijera, siempre y cuando los colmillos se crucen bien al hacer presa. Pero lo ideal es que el dogo muerda en pinza, ya que siendo su principal misión la de retener al enemigo e inmovilizarlo para que el cazador lo ultime, es preferible esa mordida ya que cuando se quiere agarrar algo se hace mediante una pinza o tenaza, mientras que la tijera se hace cuando se quiere cortar.

El prognatismo es la falta de coincidencia de ambas mandíbulas. De manera que puede haber dos formas de prognatismo; cuando la mandíbula inferior supera a la superior o cuando ésta sobresales notoriamente a aquella. En el primer caso se dice que existe prognatismo inferior y en el segundo que hay prognatismo superior, lo que en lenguaje algo más técnico se denomina respectivamente prognatismo propiamente dicho y enognatismo. Ambas faltas producen la descalificación del ejemplar que las posee.

Daba la importancia que cobra el defecto se debe ser muy prudente en su apreciación, ya que en muchas oportunidades hemos visto confundir una mala inserción de dientes con el prognatismo. Perdónesenos que seamos reiterativos y expresemos que la falta de coincidencia debe ser de mandíbulas. Los dientes desviados solo restan puntos, no descalifican.

Corresponde manifestar que los incisivos deben estar en una línea lo más recta posible, pues ello amplia el frente de la cara distanciando los caninos del lado derecho de los del izquierdo, contribuyendo estéticamente a dar cuadratura al hocico y funcionalmente le permite abarcar más superficie cuando hace presa. Por otra parte las mandíbulas en ojiva o de poco frente corresponden a perros de maxilares débiles y, por lo tanto, malos mordedores. Dentro del tema de este capítulo debemos mencionar un detalle al que no se presta la debida atención: el paralelismo que debe existir entre ambos maxilares examinados desde su frente.

Cuando menos paralelismo haya, menos apretará la mordida, conspirando contra la potencia de agarre.

Como el estándar da importancia a los dientes, Nores Martínez en su excelente obra El Dogo Argentino le dedica un comentario a estos, pero en una parte del mismo sostiene que no tiene importancia el número de molares.

En este punto no estamos de acuerdo en un todo con nuestro maestro.

Si bien no hay que magnificar la significación del defecto de falta de molares, tampoco hay que restarle toda importancia, porque si así lo hacemos y cruzamos animales con la expresada falla en ambos individuos y que con casi seguridad descienden de otros que tenían la misma carencia, llegaremos a tener un Dogo cada vez más desdentado, lo que conspiraría contra los dictados de la Naturaleza.

Por otra parte, a la teoría de que los ejemplares que tiene un hueco producido por la falta comentada muerden mejor que los que tiene todas las piezas dentaria, se opone la opinión de algunos criadores que han observado que los perro sin premolares no son afectos a morder los huesos que se le proporciona en la alimentación, lo que trae consecuencia una menor ejercitación de los músculos masticadores y un posterior menor desarrollo de estos, resintiéndose la potencia de mordida que se quiere conseguir.

Considerando ambas opiniones llegamos a la conclusión de que la falta de molares de debe ser rigurosamente penalizada, pero cuando hay paridad entre dos Dogos, sobre todo en las Exposiciones, debe darse preferencia al que tiene toda su dentadura.

 

NARIZ:

Fuertemente pigmentada de negro, con un ligero stop en la punta, ventanas nasales bien amplias.

 

MAXILARES:

Bien adaptados, sin prognatismo, con dientes bien implantados y grandes.

 

En este punto no hay lugar a dudas. La nariz debe estar bien pigmentada de negro. Es decir, debe ser totalmente negra y las despigmentaciones, el blanco y el rosado deben ser severamente castigados hasta llegar a la descalificación en los casos de narices blancas o muy manchadas de blanco.

Respecto al requerimiento de stop en la punta de la trufa o nariz, es armónico con la línea convexa que deba tener todo el hocico, siendo esta la culminación de esa curvatura.

No sabemos si por considerarlas incluidas en las descalificaciones generales que alcanzan a todas las razas o a una simple omisión, no se han mencionado en esta parte de estándar a las narices partidas y los labio leporinos, que indudablemente debieron ser considerados como índices degenerativos y debieran producir la eliminación de los ejemplares que posean este defecto, tanto de la cría como de las exposiciones.

Esperemos que si se redacta un nuevo estándar de la raza se los mencione entre las descalificaciones. Por ahora los jueces deben limitarse a penalizar con tal severidad que implique, prácticamente, una eliminación de la competencia y los criadores prescindir por completo de ellos.

El Dr. Agustín Nores Martínez en su libro El Dogo Argentino al comentar lo referente a la nariz dice La nariz partida o labio leporino es motivo de descalificación, olvidando de éstas sólo pueden efectuarse cuando están expresamente consagradas en los estándar c son de orden general para tosas las razas, lo que no ocurre en este caso.

 

OREJAS:

Sobre la cima de la cabeza, erectas o semierectas, en forma triangular deben presentarse cortadas siempre.

Las orejas erectas o semirrectas, volcadas en la cima de la cabeza y cortadas, no responden únicamente a un antojadizo criterio estético, sino que están encuadradas dentro de los cánones de la funcionalidad que gobiernan toda la cinología.

Con este tipo de orejas se trata de evitar que en la lucha con sus contendientes, éstos puedan hacer presa en ellas provocando dolorosas e incomodas heridas, ya que se trata de una zona muy irrigada y sensible.

También, cortadas y erectas cobran una útil movilidad que no poseen las orejas colgantes y la aireación del oído es mayor favoreciendo la higiene y sanidad, eliminando en gran parte las otitis tan comunes en los oídos faltos de ventilación.

Teniendo en cuenta estas consideraciones el redactor ha sido riguroso exigiendo en el estándar la descalificación de aquellos ejemplares que se presenten en las pistas de las exposiciones sin haber llenado este requisito.

 

LABIOS:

Bien arremangados, tirantes, de bordes libres, pigmentados de negro.

Con el requerimiento del labio corto y tirante se trata de evitar que cuando el perro haga presa el labio obstruya la respiración supletoria que realiza por sus comisuras labiales posteriores, cosa que ocurriría con un labio pendular, que obraría en este caso como una verdadera válvula, obligándolo a largar ante la sensación de asfixia.

También aquí se emplea justificante severidad y si el labio es muy pendular, como dice el estándar en sus últimos párrafos, el sujeto debe de ser descalificado.

Aclaremos quo no basta que el labio sea algo colgante. Esto constituiría una falta, sino que la condición requerida para llegar a la descalificación es que sea de tal gravedad que a simple vista se aprecie que va a producir la obstrucción respiratoria en la circunstancia expresada más arriba.

 

OCCIPUCIO:

No debe hacer relieve, porque los potentes músculos de la nuca lo borran por completo, siendo la inserción de la cabeza y el cuello en forma de arco.

Fisiológicamente el occipucio es la superficie de inserción de los músculos que reúnen la cabeza con el nacimiento del cuello. Como estos músculos deben ser bien desarrollados, borran por completo la prominencia ósea, apreciándose una curva que continúa la de la convexión del cráneo para proseguir por el cuello. Lo que hace que el contorno superior, que se inicia en el arco superciliar, llegue hasta la cruz sin brusquedades.

CABEZAS REGRESIVAS:

Hemos trascrito y glosado el estándar en lo referente a la cabeza, pero creemos que esta obra, que pretende ser didáctica, no cumpliría su cometido si no tratáramos de demostrar cuales son las regresiones atávicas más frecuentes de esta parte de la anatomía del Dogo Argentino.

En aras del propósito anunciado, es que, con nuestro sistema de dibujos, en los cuales exageramos hasta lo caricaturesco, a fin de servir de base comparativa y en espera que el lector al realizar el examen analítico de un perro llegue a la conclusión que, cuanto más se parezca a algunos de los diagramas que insertamos como regresivos más lejos estará del Dogo ideal, debiendo desechar a esos ejemplares que denuncian la presencia dominante de genes nada deseables.